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Sin estornudos ni tos ni fiebre, el sector empresarial también muestra sus particulares síntomas de que el coronavirus Covid-19 afecta a su salud. Es un momento de «preocupación lógica por el mundo empresarial de cómo va a evolucionar la situación», señala a ABC el presidente de Cecale (Confederación de Organizaciones Empresariales de Castilla y León), Santiago Aparicio. Pues, explica, son muchos los factores que intervienen en esta crisis de origen sanitario pero cuyo impacto sobrepasa al área de la salud. Hay dudas sobre si un posible contagio o una evolución a peor de un virus que cada día suma infectados por centenas en todo el mundo pueda llevar a cerrar empresas y ponerlas en cuarentena. También, hasta cuándo aguantarán la «falta» de suministros que ya acusan en algunas firmas, si los pedidos con destino al exterior ahora aplazados se podrán finalmente enviar…

La «inquietud» recorre al mundo empresarial de Castilla y León en general aunque, apunta Aparicio, «fundamentalmente a la industria» y, dentro de ella, a la agroalimentaria, donde están «muy preocupados» porque no pueden exportar sus productos y en algunos casos no aguantan mucho tiempo almacenados. Es el caso de una empresa de embutidos y jamones de la provincia de Salamanca, que con la mercancía a las puertas de Italia para entregarla, la semana pasada tuvo que regresar con toda la carga por el cierre de fronteras en uno de los países donde está teniendo más impacto este coronavirus que comenzó en China y ya se ha extendido por los cinco continentes. Y es que Italia, al igual que otras zonas donde esta enfermedad presenta una mayor propagación como China, Corea del Sur o Irán, tiene muy restringidos los movimientos con el exterior en su afán de contener el avance de una enfermedad aún sin vacuna.

Cárnicas

«En una economía globalizada, los efectos de la crisis del coronavirus se empiezan a notar, tanto en los movimientos de las exportaciones como de las importaciones», señala también el presidente del Consejo de Cámaras de Castilla y León, Antonio Miguel Méndez Pozo, quien apunta al sector logístico, la industria y el turismo como los sectores que más están notando ya los efectos. Y de forma «particular», las industrias cárnicas que operan con el exterior. En las operaciones con China «ya están percibiendo una ralentización de los envíos», señala.

Un freno que justo llega después de que en noviembre entrara en vigor el acuerdo comercial por el que además de autorizar vender jamones con hueso, también tienen cabida otros productos con menor tiempo de curación como chorizo, salchichón o lomo que supone «una oportunidad clave para el sector cárnico de Castilla y León», recalca Méndez Pozo. No en vano, aunque el gigante asiático no figura entre los principales mercados con los que operan las firmas de la Comunidad, que tienen en general en el entorno de la Unión Europea sus focos de venta más destacados, «no se puede obviar que las exportaciones a China han aumentado el 34 por ciento», señala el presidente del Consejo de Cámaras de Castilla y León. El año pasado, lo vendido allí rebasó los 170 millones de euros. Una cifra importante pero que, si se compara con lo importado, deja claro que este territorio oriental sigue siendo netamente exportador: las compras en el mismo periodo con sello «made in China» rozaron los 368 millones de euros.

Problema en la llegada de suministros

Precisamente esa dependencia de lo fabricado allí también supone un freno para la economía de aquí. El coronavirus ya ha provocado un «problema importante» en la llegada de suministros, obligando incluso a parar producciones, reconocía hace ya unos días la presidenta de la Confederación Vallisoletana de Empresarios (CVE) y portavoz de Cecale, Ángela de Miguel. «Está teniendo un impacto bastante negativo en la economía», advertía.

Empresas importantes y con un elevado número de trabajadores ya se plantean un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo). Es el caso de Fico Mirrors, la mayor fábrica de la provincia de Soria, que ya ha planteado a los sindicatos la posibilidad de esta regulación para los 700 empleados de sus plantilla ante los efectos del coronavirus en el sector del automóvil y la advertencia de Volkswagen Navarra -a quien vende sus productos- de parar su producción por la falta de suministros.

El turismo, también

Pero no sólo en industria o agroindustria notan los efectos. Turismo, servicios… también lo acusan. El sector del turismo idiomático ya tiene sus víctimas. Una pequeña empresa ya ha presentado un ERTE para sus dos empleados. Las escuelas de español de Castilla y León prevén que perderán más de 20.000 estudiantes este año, la mitad del mercado. Y con la caída de la actividad, cascada de despidos. En la Junta de Castilla y León ya asumen que el expediente de regulación ya registrado será sólo el primero de otros y ultima medidas con el sector.

También con el turístico, que con la Semana Santa a la vista -uno de los puntos fuertes de Castilla y León- tiene la incertidumbre sobre cómo afectará a su salud el coronavirus. Y en ciudades tan turísticas como Segovia, que tiene en el asiático uno de sus principales mercados exteriores, esta crisis le ha llegado además en el peor momento: justo coincidiendo con el Año Nuevo Chino y las vacaciones que propician la mayor llegada de estos viajeros. En la céntrica calle Real apenas se han dejado ver y en los restaurantes donde suelen comer lo han acusado de manera notable. Hay locales en los que la actividad a diario ha caído un 80 por ciento, señalan desde la Asociación de Hosteleros. Por el momento, ha afectado a las contrataciones «extras» para cubrir esos picos de demanda, pues el turista chino servía un menú a mayores debido al horario más temprano en el que suele sentarse a la mesa. «Es un turismo estupendo para nosotros», reconoce el gerente de la asociación, Javier García, quien confía en una pronta resolución pues de seguir así mucho tiempo «se empezará a convertir en un problema serio porque la economía no está para estos sustos». Primero fueron los asiáticos los que dejaron de viajar, luego se notó en el turismo internacional y ahora está en jaque lo que aporta al sector la actividad de congresos, con una cascada de cancelaciones de pequeñas, medianas y grandes citas que dejan tocados a restaurantes y hoteles.

Desde la DO Toro, otro de los sectores afectados, la crisis del coronavirus es un factor más a añadir -a los aranceles de Estados Unidos, los posibles que imponga el Reino Unido tras certificar el Brexit o la guerra comercial EE.UU-China- a un año que apenas ha arrancado y ya asumen «va a ser malo». Para ellos, además de paralizaciones en envíos de productos -con 20.000 botellas esperando a partir rumbo al gigante asiático están en la bodega toresana Divina Proporción-, el aplazamiento de ferias sectoriales ya supone un palo, pues son días que aprovechan para hacer contactos y cerrar ventas. Sin olvidar que, tras el nacional, que se bebe algo más del 60% de sus vinos, China es el cuarto internacional y «no es un mercado a despreciar».



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